Límites
Abril 4, 2008 por Adrián C
Oh, no. Ahí están. Te dan asco pero no puedes dejar de mirarlos. Por eso te acercas lentamente a la persona de confianza más cercana a ti en ese momento y muy bajito y sin levantar demasiada sospecha (aunque puedes gritarlo si quieres, se pasan el día mirándose el uno al otro ajenos a la sociedad. No saben ni lo que es el Chiki Chiki), le comentarás: “menudos cursis“. ¿Sabes ya de quiénes estoy hablando? Sí, lo sabes. Y si no tienes un momento demasiado lúcido y tus neuronas se resisten a asociarlos a alguien, pronto te enterarás.
Repasando la Constitución como todos los días, me di cuenta de que falta un artículo vital para poder vivir en absoluta democracia y acabar con muchas de las guerras en el mundo. Prohibición de la sobreexposición pública de las parejas.
¿Es realmente necesario que todo ser viviente a 10 km a la redonda se entere de lo mucho que quieres a tu “churri”, de que le pone cachondo o cachonda que le hagas cosquillitas en la oreja (con los labios, claro) y por eso se ríe de una manera tan tonta y artificial? ¿Es necesario colgarse un cartel invisible alrededor en el que se puede leer “esta noche mojo”? ¿No os habéis dado cuenta de que desde que habéis salido a la calle el mundo se ha convertido en una fábrica de Miel San Francisco a macroescala? ¿Y de que los solteros también existimos?
Las demostraciones públicas de amor deberían tener un medidor que parpadease cada vez que se sobrepasasen los límites permitidos. Un matrimonio de esos que pasean jersey a la espalda cogidos de la mano. 1 sobre 10 (a nadie le asusta esa imagen). Sin represalias. La parejita de la facultad que va de la mano hasta para ir al baño (y porque no hay baños mixtos, que sino hasta le sujeta el miembro). 300 sobre 10 y subiendo. 300 € de multa por minuto y una orden de alejamiento de 50 centímetros mínimo (cuantos más mejor) en público. A trajinar os vais a vuestra casa.
Ante situaciones como esta cabe preguntarse cuáles son los límites de la intimidad. No se trata de reprimir los impulsos de demostrarle a la persona amada que te importa, sino de diferenciar el contexto más apropiado para ello. No pasa nada por dar un besito en la calle de vez en cuando, ni por ir de la mano después de una velada que jamás se te va a olvidar. Hacerlo por sistema, además de poco creíble, es preocupante. ¿Hasta qué punto es lícito compartir algo tan íntimo y con tanto significado como un beso apasionado con gente a la que no has visto en la vida? ¿Y hasta qué punto las relaciones se basan en la percepción que tienen los demás de ellas? ¿Es acaso este tipo de comportamiento una especie de reafirmación de que todo va sobre ruedas y quienes lo llevan a cabo necesitan una afirmación ajena para terminar de creérselo?
O algo mucho peor, ¿se han difuminado las barreras de lo público y lo íntimo, o hemos llegado al extremo de derribarlas como si del muro de Berlín se tratase? Bienvenida, primavera.
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ciaoooooooo!!