Hay mil motivos para que la llave no abra tu cerradura, para que el barco no atraque en tu puerto, para que la planta no crezca en tu jardín… podemos usar todos los eufemismos que queramos (idea para post nuevo: hablar sobre eufemismos) pero todos sabemos a lo que nos estamos refiriendo (por ello el nombre de nuestro blog es tan claro). Pero entre todas ellas (el recurrido dolor de cabeza, falta de apetito, aburrimiento, distancia -física o emocional, todas valen-) la que sin duda resulta más frustrante es la falta de correspondencia.
A todos nos ha pasado (desgraciadamente, nosotros somos expertos en ello) alguna vez que estamos interesados en alguien pero el otro sujeto en cuestión o bien no descodifica nuestras señales, o simplemente las ignora como un e-mail en la bandeja de correo no deseado.
Pero esos casos no son lo peor que puede pasar, no: la humillación pública de ser rechazado de malas maneras, incluso con frases del tipo “jamás tendría algo con gente de tu calaña”, acecha por todas partes (por suerte, a este límite no hemos llegado nunca. Que somos unos despojos sociales, pero no unos monstruítos). ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Cómo reaccionar a un rechazo tan brusco y tajante en el que incluso se ha dado a entender que tu aspecto o tu personalidad -ponemos lo de personalidad para no resultar superficiales, pero todos sabemos a lo que vamos- es tan nauseabunda que no se dignarían a tener un momento de cualquer grado de intimidad contigo? ¿Agachar la cabeza en el suelo como las avestruces? ¿Encerrarse una semana en la habitación con la luz apagada esperando a que un milagro te convierta en el hermano gemelo de Brad Pitt?
También hay cosas peores que el ridículo expuesto anteriormente. ¿Y si se trata de algo más serio? ¿Y si la persona de quien te has colgado completamente pasa de ti como una dependienta de Chanel de una maruja del extrarradio? ¿Es un fin de semana a base de helado y películas de Meg Ryan una terapia suficiente como para olvidarlo? ¿No contribuye esto a aumentar la depresión?
Hay obstáculos que muy pocos tienen la suerte de no haber vivido nunca en sus vidas. Sin embargo, en un mundo donde las personas se vuelven cada día más selectivas con las personas a quienes eligen para compartir sus vidas, no es raro que se produzcan esas situaciones, de hecho están al orden del día. Quien más y quien menos ha deseado a alguien que no ha podido conseguir. Y por el momento, no hay carteles luminosos en la frente de cada persona para saber si hay posibilidades reales de que el acto se consuma.
Una vez asumido, sólo queda preguntarse qué es lo que falla. El problema es que es una pregunta sin respuesta.