Hay días en los que nada parece salirte bien. A todos nos pasa. Pero lo que sólo a un reducido grupo de personas nos ocurre es uno de los mayores males que puede haber en lo que a sentimientos y autoestima se refiere: sentir que todo el mundo tiene pareja menos tú.
Yo, y por primera vez voy a tratar este artículo desde la experiencia personal, es como me siento a todas horas. Sé que no es cierto que sea el único que no tiene pareja, de hecho probablemente más de la mitad de mis amistades no tengan una relación, pero de todos modos así lo siento. Vivo con una emparejada (y muy cursi) y otra… con un follamigo estable (por poco que le guste la palabra es lo que es). Y mis labios hace mucho que no rozan los de alguien que no sean mis amigas para darles un pico. Teniendo en cuenta que no hay día en que una no me diga lo que echa de menos a su novio, u otra no relacione cualquier cosa con su follamigo (“Cada vez veo más su modelo de coche“, “este edredón se parece al suyo”…), esto unido a las ganas que tengo de comenzar una relación lo más seria posible hacen que mi subconsciente se encuentre sumergido en una profunda y total depresión. Y digo mi subconsciente porque de momento no voy llorando por las esquinas cada vez que veo una pareja ni tirándome de los pelos por no tener nada mejor que ofrecer (obviamente hablo de lo físico. No nos engañemos a estas alturas).
Lo raro es que de vez en cuando me siento observado, lo cual no significa que tenga que ser verdad, pero sí que cuanto menos, hay veces en las que me parece que me miran. No descaradamente (<s>como hago yo, ¿verdad <i>iPod</i>?</s>), pero sí alguna mirada furtiva en la facultad, en el supermercado o incluso la primavera pasada por la calle, temporada en la que parece ser que los hombres homosexuales salen más de sus casas o simplemente se ponen de acuerdo en la hora de hacerlo. Pero nadie se acerca. No muerdo. O también puede que les gustase de lejos y se fijaron y prefirieron pasar. Porque vamos, por confundirme con un heterosexual seguro que no era, que casualmente siempre me miran tíos.
Pero volviendo al tema que nos ocupa en esta ocasión (ya tendremos más tiempo para hablar de esas miradas entrecruzadas que a todo el mundo nos han echado alguna vez)… el caso es que sí, lo admito, por una parte me quejo de vicio porque no me paso la vida metido en locales de ambiente, y tampoco tengo un perfil en Chueca ni en Bakala, mucho menos me voy exhibiendo como una gallina a medio despellejar (por lo de soltar pluma) -aunque a veces es imposible disimularlo, y más cuando te pasas el día con tus amigas metido en la facultad. Pero tampoco me oculto, no soy un friki (o al menos no lo aparento a simple vista, que es lo importante), me ducho todos los días (dato importante), no soy un callo aunque nunca haría de buenorro ni en un musical de bajo presupuesto, soy buena persona (porque lo soy, y no es echarme flores, simplemente es algo que he aprendido viendo cómo son los demás) y más de una persona ha confesado que no le importaría ser mi pareja. Eso sí, ninguna vive a menos de 500 km de mí. ¿Necesito estar lejos para gustar?